Siglo.21, Guatemala: Erwin Concuá “las bandas se hacen su escenario”

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Siglo.21, Guatemala. Portada. Publicación del domingo 26 de agosto de 2007.

Erwin Concuá en compañia de la banda Buho’s Marching Band, del Colegio Mixto Belén.

PERFILES 26-08-2007

El director de la Sociedad de Bandas de Marcha nos revela el estado actual de un movimiento juvenil que los capitalinos sólo percibimos durante “el mes de la patria”.

Ciudad de Guatemala, Guatemala. Por Fidel Celada Alejos. Siglo 21, 26/08/2007.-
En la ciudad capital, a los jó­venes que conforman las bandas de marcha se les ve sobre todo en esta época, cuando se aproxi­man las fiestas patrias. En el resto del país, en cambio, su pre­sencia es esencial en otras celebraciones, como las fiestas pa­tro­nales. Se cuentan por miles y forman parte del movimiento juvenil más grande del país, afirma Erwin Armando Concuá, director general de la Sociedad de Bandas de Marcha, una organización que desde hace 15 años se dedica a la promoción y desa­rrollo de estas agrupaciones, conocidas antiguamente como ban­das de guerra. “Estimamos que hay unas 1,200 bandas en Guatemala y más de mil actividades que las involucran anualmente. Esto implica unos tres eventos diarios”.

Concuá, comunicador y dise­ña­dor de páginas web, trabaja también con la Dirección Ge­ne­ral de Educación Física. Mien­tras nos muestra fotografías y videos (la mayoría de los cuales está disponible en YouTube) en su computadora portátil, cuenta que para ella organiza un programa de ensambles musicales con integrantes de distintas bandas. “Este 14 y 15 de septiembre ha­brá ensambles en todo el país; lo que se busca es enviar a la pobla­ción un mensaje de unidad, de trabajo en equipo”.

En la pantalla nos muestra cómo las bandas realizan for­ma­ciones mientras tocan sus ins­trumentos. Las monótonas marchas del pasado son sólo parte del recuerdo. La vida es un carnaval, de Celia Cruz, es interpretada al estilo de una Banda Latina, una de las tres variaciones principales de las bandas de marcha. Concuá nos habla en esta entrevista de la evolución y las características, musicales y sociales, de un movimiento que, a su juicio, forma a los jóvenes en los campos de la música, la educación física, la matemática y la lógica. “Se trata de una actividad extra aula en que, además, se desarrolla el liderazgo, el trabajo en equipo y la disciplina. Es algo que aún no se ha reconocido en el país, pero es una realidad”.

¿Cómo define a las bandas de marcha?
Se llaman bandas de marcha porque están formadas por un grupo de jóvenes con instrumentos que tienen capacidad de movimiento. Ellos pueden presentar un espectáculo en distintos ambientes, cosa que no puede hacer una orquesta sinfónica, una marimba o un grupo de rock. La banda no necesita un escenario; se hace un escenario.

Como movimiento social, las bandas son una subcultura; tienen sus propios símbolos, lenguaje características, jerarquía de autoridad, de organización, y ciertos procedimientos. Forman parte del medio educativo y de la sociedad. Esta subcultura no es propia de Guatemala. Está enraizada en todos los países del mundo y, como género musical, tiene su origen en la necesidad de levantarle el ánimo a las tropas de los ejércitos antiguos. Hay bandas en países centroamericanos que tuvieron procesos de paz, pero también en Costa Rica, que no tiene ejército. Existen en el resto de América, en Europa, en Asia, incluso en África

Hay quienes aún piensan en las bandas como algo que se impone a los estudiantes
Para los jóvenes de hoy las bandas son un hobby. Dejaron de ser obligatorias cuando, en los años 90, el Ministerio de Educación prohibió el desfile escolar del 15 de septiembre. En esa época sí había muchos colegios que obligaban a sus alumnos a marchar y comprar el uniforme de gala.
Pero no se prohibieron las bandas ni todos los desfiles, aunque a raíz de esta disposición muchas dejaron de estar activas. De 350, el número se redujo a 25. Sólo subsistieron aquellas que habían logrado que sus integrantes se identificaran plenamente con ellas.

La sociedad de bandas ya existía, ¿cuál fue su papel?
El Ministerio de Educación se desentendió de los concursos y nosotros los retomamos. Em­pe­zamos a organizar los eventos primero en el Estadio del Ejército y luego en el Estadio de Cementos Progreso –La Pe­drera–. Desde entonces ha habido cambios. Se ha trabajado con mucha más inteligencia. La idea ha sido buscar escenarios adecuados para nuestras actividades y convocar a la gente a actividades de fin de se­mana. También, en coordina­ción con la Municipalidad de Guatemala, se hicieron desfiles y, recientemente, festivales de bandas el 15 de agosto.

Y en el aspecto musical ¿cuáles han sido los cambios?
En Guatemala el antecedente son las bandas de guerra. Aho­ra les decimos bandas tradicionales, porque el nombre an­tiguo ya no va de acuerdo con los tiempos; incluso es socialmente rechazado. Pero hace 15 años surge, en toda Latinoa­mé­rica y sin la intervención de la Internet, la banda de estilo latino. Se trata de una banda que ya no marcha sino que baila. Presenta coreografías, rompe con la estructura del uniforme militar. Sus integrantes usan saco, camisa, corbata, guaya­be­ras; en el salvador hasta se disfrazan. Lo que tocan son ritmos afroamericanos: cumbia, me­ren­­gue, salsa, se han metido en el rock, hip-hop, lo que la gente se escucha en la radio. La mú­sica grupera mexicana ha te­nido un lugar preferencial. Es­te tipo de banda se ganó la pre­ferencia del público en toda Guatemala, con excepción de la ciudad capital. Aquí las bandas tradicionales siguen dominando, pero en el resto del país, yo diría que el 95% son bandas latinas.

Entre 2002 y 2003 se presentó una película, Ritmo Total (Drum Line), la cual marcó el nacimiento de la una tercera olea­da dentro de las bandas de mar­cha: la Marching Band. Este tipo de agrupación es la que presenta espectáculos en medio de los partidos de futbol americano , béisbol, basquetbol y la que participa en los desfi­les de Navidad de Estados Uni­dos, Europa y Asia. Esta banda empieza a aparecer aquí hace tres años, y el año pasado se consolidan varias.

Además, aparece la drum line, o línea de percusión: un show en el que un grupo de entre 15 y 25 personas sólo con cajas, redoblantes y bombos, presentan un espectáculo al público. Ahí se demostró que la banda de guerra no es aburrida. Ese concurso lo introdujimos hace tres años, y actualmente hay unas 40 líneas de percusión en el país. Cuando una banda tiene una línea de percusión y se da cuenta de lo flexible que puede ser, en­ton­ces empiezan a darle un giro a lo que hacen.

Las bandas siguen su evolución. La última tendencia es la que involucra elementos como el teatro callejero o el break dance. En una banda en Villa­nueva y en otra en Quetzal­te­nango, han incorporado a esos muchachos que normalmente se marginan: la banda les toca ritmos con percusión, para que ellos hagan su baile. A ellos se les está conociendo popularmente como mortaleros, por­que lo que hacen es dar saltos mortales sobre sí mismos.

¿En qué consiste el concurso de bandas que organiza la Sociedad?
Antes las marchas eran interminables, de hasta 7 minutos cada una. Para que una banda presentara su espectáculo se necesitaban hasta 40 minutos. Nosotros introdujimos los concursos bajo nuevos formatos. Pusimos a las bandas en el centro de un estadio y les dimos un límite de tiempo. Hoy las bandas tienen 6 minutos para presentar una rutina, musical y de movimiento. En este período deben tocar 5 ó 6 marchas. Y tienen que hacerlo así porque si no, no ganan.
Es muy dinámico; la gente no se aburre. Una de las cosas que les hemos enseñado es que la banda se debe al público. Si el público responde bien se están haciendo bien las cosas. Ese cambio de visión pone a los jóvenes en un papel de artistas.

Nosotros hacemos varios eventos en el año dedicados a cada especialidad en las que participan unas 120 bandas. El próximo 2 de septiembre reali­za­remos el campeonato na­cional e internacional. Vienen las mejores bandas de todos los rincones del país a competir en las tres categorías: marching band, banda tradicional y banda latina. Hay tres divisiones, de acuerdo con la calidad y tamaños de las banda.

También hemos creado un campeonato internacional, que este año llega a su sexta edición. Tendremos visitantes de México, Honduras, El Salvador, Panamá y Belice.

¿Siguen existiendo los gastadores y batonistas?
Gastadores sólo hay en la capital y en Quetzaltenango. Y en Latinoamérica, sólo existen aquí, en Chile, Argentina y Nicaragua. Con los gastadores y las batonistas, en los concursos, hicimos lo mismo: les bajamos el tiempo a 6 minutos, y se les puso un acompañamiento musical.

Hábleme de los valores que los jóvenes pueden aprender en las bandas
Las bandas crean identidad. El muchacho tiene adónde ir, los papás saben dónde está. Aprenden ciertos conceptos disciplinarios; si el instructor es hábil y el colegio lo sabe inducir, esos preceptos los va a aplicar en el resto de su vida.

Le decía que este es un hobby, y como en todos los pasatiempos, puede que haya gente que sobresalga en ellos y se vuelva profesional. Hay jóvenes que se meten al conservatorio, estudian más, se dedican más, se vuelven instructores de bandas, se vuelven músicos profesiona- les o maestros de formación musical.

Las mejores bandas
“Hay íconos como las bandas del Colegio San Se­bas­tián, que tiene una de las bandas más antiguas del país, pero que ha evolucio­nado. Ellos tienen una ban­da marcial, que puede ser marching band, y una tra­dicional. Al combinarlas tienen una banda élite, que se ha presentado en Holly­wood y en Disney.

De las bandas recientes, en esta misma línea, está el Instituto Rafael Landívar. Esta banda hizo un gran aporte en cuanto al movi­miento de campo, es muy dinámica. Tiene 3 ó 4 años de ser campeona en movi­miento; son campeones en banda tradicional, en gastadores. Es una banda de primer nivel.

El Colegio Mixto Belén y el Colegio La Patria de Quet­zaltenango son bandas que evolucionaron ha­cia la marching band. Son las que mejor caracterizan este estilo y presentan un show con calidad internacional.

En cuanto a las bandas latinas, las del colegio Oso­rio Sandoval, el IN­BECC, de Esquipulas y el instituto Pe­dro Molina, de Coate­pe­que, están entre las me­jo­res. Todas ellas han salido al exterior debido a su calidad”.

Fuente: www.siglo21.com.gt

Nota original en: http://128.121.66.148/noticias/13857

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1 Comentario

  1. felicidades por esta entrevista y demostrar que las bandas no son una perdida de tiempo como muchos opinan, sino una escuela mas para nuestros jovenes

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